UDIT TECH TALK: De la robótica industrial a la robótica centrada en las personas
La robótica ha roto definitivamente el perímetro industrial. Hoy en día, la convergencia entre la ingeniería y la inteligencia artificial no solo está automatizando tareas, sino inaugurando una nueva era en la que las máquinas conviven, asisten y se comunican con las personas en entornos tan sensibles como hospitales, hoteles o espacios comerciales.
Bajo esta premisa, el Campus de Tecnología, Innovación y Ciencias Aplicadas de UDIT ha acogido la mesa redonda "De la robótica industrial a la robótica centrada en las personas”, un encuentro en el que hemos reflexionado sobre cómo el diseño empático y el software están redefiniendo el propósito de esta tecnología.
El debate, moderado por Fernando Blázquez, Director del "Grado en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial" y el "Grado en Desarrollo Full-Stack" de UDIT, contó con la participación de Isidro Fernández, CEO de Bumerania Robotics, Mari Satur Torre, Gerente de la Fundación Cruz Roja Española; Emma Fernández, Vicepresidenta de la Fundación ASTI Talent & Tech; y Álex Salvador, Managing Director de AER Automation (Asociación Española de Robótica y Automatización).
IA operativa y diseño emocional: más allá del hardware
La conversación evidenció que la robótica social y colaborativa ya no avanza al ritmo de la clásica ingeniería mecánica, sino a la revolución que impone la Inteligencia Artificial. Isidro Fernández, desde su experiencia en el despliegue de robots sociales en sectores comerciales y asistenciales, identificó el verdadero catalizador de este cambio:
"La robótica social se ha disparado gracias a la IA. El trampolín ha sido la inteligencia artificial: es la pieza mágica que hace que los datos del entorno sean accionables, permitiendo que los propios robots tomen decisiones autónomas en una clínica, un hospital o un hotel sin que un humano tenga que programar cada orden".
Como evidencia de La aplicabilidad de estos sistemas inteligentes Fernández también compartió un caso de éxito que ilustra el alcance de estas interfaces: “En México nos contrataron para un proyecto piloto con 3.000 niños orientado a detectar el bullying en las escuelas. El software del robot estaba diseñado para identificar microexpresiones y emociones; lo sorprendente fue que, ante la máquina, los niños rompían una barrera psicológica que no lograban superar con adultos y verbalizaban quién les estaba causando el problema. El robot actúa aquí como un facilitador clave para que el equipo de psicólogos humanos pueda intervenir inmediatamente”
Esta autonomía, sin embargo, traslada el reto desde la seguridad puramente física de una cadena de montaje, hacia una dimensión de alguna forma cognitiva y psicológica. En este sentido, cuando una máquina interactúa con personas, la interfaz conversacional se convierte en un factor crítico. Mari Satur Torre advirtió de hecho sobre la delgada línea entre la utilidad técnica y la vinculación afectiva que se puede desarrollar a partir de la relación continua con los robots, especialmente en el caso de colectivos vulnerables.
"La Inteligencia Artificial no tiene inteligencia emocional real; simular la empatía puede generar desconfianza o dependencias emocionales complejas. Por eso, la aceptación no se consigue con un diseño que parezca humano, sino con uno que respete lo humano, que actúe como un complemento útil supervisado y no como un sustituto del vínculo real".
Para ejemplificarlo, se debatió sobre modelos de éxito como el loro Onorato (desarrollado con Cruz Roja, este pequeño robot asistido por IA, sirve de acompañamiento para personas mayores) o los pilotos de Bumerania en residencias de mayores, donde formas no antropomórficas (pero con rasgos amables como ojos grandes y voces personalizadas) logran mitigar la soledad no deseada y monitorizar constantes de salud de manera fluida y sin generar el rechazo del "valle inquietante".
Pese a todo, la experta de Cruz Roja incidió en la responsabilidad colectiva de no delegar los cuidados estructurales en la automatización: “Los robots y las inteligencias artificiales pueden ser, sin duda, una parte muy valiosa de la solución para mitigar la soledad o monitorizar riesgos, pero nunca la solución absoluta. Como sociedad, no podemos caer en la comodidad de pensar que la respuesta a la vulnerabilidad de nuestros mayores es simplemente poner una máquina en sus vidas"
Datos de mercado: España como Hub de la robótica de servicios
Por otro lado, el análisis cuantitativo de la mesa sirvió para aterrizar la magnitud de la oportunidad que actualmente supone la robótica. En este sentido, Álex Salvador desgranó las cifras de la Federación Internacional de Robótica (IFR), dibujando un mapa donde la robótica industrial sigue liderada de forma masiva por China (con más del 50% de las instalaciones mundiales), pero donde España empieza a consolidar un nicho estratégico diferenciado: la robótica de servicio.
"Mientras la robótica industrial tradicional experimenta un comportamiento más plano, en España la robótica de servicio profesional crece a un ritmo del 19% anual. Sectores como la intralogística (69% del mercado de servicio) y hospitality que crece entre un 20% y un 25%, están traccionando con fuerza. De hecho, España ya se perfila como un hub hotelero de desarrollo de robótica de servicios, sumando ya alrededor de 100 hoteles robotizados" afirma.
Salvador también destacó que, en el plano industrial, los cobots (robots colaborativos) representan ya el 10% del mercado global, democratizando la automatización en las pequeñas y medianas empresas. Además, matizó que el verdadero reto de las compañías no es la sustitución de mano de obra, sino la capacitación: “La consolidación de la robótica colaborativa (cobots) en las pymes exige un esfuerzo inmediato en procesos de reskilling y upskilling. Las empresas necesitan perder el miedo a la automatización; el robot no entra a la fábrica a eliminar al trabajador, sino a colaborar con él, liberándole de las tareas más repetitivas, lesivas o peligrosas para que pueda aportar valor en la supervisión técnica y estratégica”.
El perfil multidisciplinar: la urgencia de la "A" en STEAM
El tramo final del encuentro abordó el que quizás es el mayor desafío del sector: la alarmante escasez de talento preparado para responder a esta hibridación tecnológica y humanista. Las ingenierías clásicas ya no bastan. Las empresas demandan profesionales que dominen el área HMI (Interacción Máquina-Persona), la ética de los datos y las llamadas habilidades blandas.
En este terreno, Emma Fernández hizo un llamamiento crítico a transformar el modelo educativo desde sus cimientos para combatir lagunas sociales como la pérdida de concentración y la falta de abstracción:
"Los programas universitarios actuales son técnicamente sólidos, pero el problema estructural viene de antes. Necesitamos una reforma en la educación primaria para fortalecer competencias básicas inevitables: lenguaje, matemáticas y programación. Además, debemos incorporar con fuerza la 'A' de Artes en el modelo STEAM; la robótica actual exige hibridar la ingeniería de software con la filosofía, la medicina o el diseño para tender puentes reales entre los perfiles técnicos y las necesidades humanas del mercado".
Además, advirtió sobre un cambio de paradigma no solo tensiona a las aulas, sino que obliga a una profunda redefinición de los liderazgos dentro del tejido empresarial: “Las empresas tienen que entender que están recibiendo a una generación muy especial, que ha sufrido el impacto de una pandemia en una etapa clave de su desarrollo y cuyas expectativas laborales y tolerancia al fracaso son completamente distintas a las de las generaciones anteriores. Hoy asistimos a procesos de selección inversos donde es el candidato el que cuestiona a la organización. Las compañías no pueden esperar que el talento joven se adapte a los patrones rígidos del siglo pasado; son las propias estructuras corporativas las que deben evolucionar en sus formas de motivar, guiar y retener este conocimiento”.
Para ilustrar el camino a seguir, los ponentes destacaron modelos transversales inspirados en instituciones como el MIT, donde estudiantes de Computer Science, medicina y economía co-crean proyectos en un mismo espacio, maximizando la transferencia de conocimiento y multiplicando la tasa de éxito empresarial.
Como conclusión del encuentro, Fernando Blázquez subrayó el compromiso de la universidad ante este nuevo paradigma industrial y social: el objetivo prioritario de UDIT, Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología, es formar a la nueva generación de ingenieros capaces de dotar a la tecnología de un propósito social. Profesionales que entiendan que el robot es un facilitador extraordinario, pero que el control ético, empático y estratégico siempre pertenecerá al ser humano.
